Día D. Estoy de cumpleaños, y este cumpleaños es uno de aquellos cumpleaños, es uno de esos especiales, como el cumpleaños N°1, el de los 10, el de 15 o el de 18. 20 años!! Sabía que este día iba a llegar ( a menos que me atropellara un camión, o algo por el estilo entremedio), y aquí estoy, sintiendome más vieja, por dentro (no por fuera, dicen que represento 16). Hay gente en cambio, que envejece sólo por fuera. Otras personas envejecen sólo por dentro. Otras ninguna de las anteriores, y otras, como yo, un poco de las dos.

Este año envejecí por dentro, y no por fuera, como una crisálida de mariposa. Todabía estoy en mi capullito, envuelta y calentita, pero ya no soy un gusanito, estoy en transcición, y eso es buena señal. En un par de años más, espero ser mariposa; cuando pase, ruego por tener alas bonitas, y no ser una polilla, vieja por dentro y por fuera. El color de las alas de las mariposas es el reflejo de su alma; si se fijan bien, las mariposas en sí son harto feas las pobres... negras, como hormigas peludas, con una trompita de alien y antenas descomunales... pero las alas, son tan bonitas, que desvíamos la vista, y todos los defectos antes mencionados, no se notan en lo absoluto, tanto, que cuando pensamos en cosas bonitas, aparecen las mariposas. Las polillas en cambio, son siempre feas, rechonchas y peludas, con antenas de plumero y alas apagadas; se comen la lana, saltan a la cara cuando abre una la ventana inocentemente para no ahogarse en una noche de verano... ¡malas y traviesas esas polillas!... pero tienen algo de bondad, si no, no buscarían la luz, ¿verdad? a pesar de ser tan feas, e involuntariamente malandrinas, algunas, en su peculiar fealdad, son hermosas, son el ejemplo de que a veces, las cosas malas a veces no lo son tanto.

Las arañas en cambio, son hermosas y viles. Se visten de rojo y verde, bermellón, calipso y limón; se adornan de diamantes y sedas; arman sus palacios en ricones, en las hojas, en las piedras, en zapatos de charol, esperando las manitos rosadas y regordetas de un niñito desprevenido, una mosquita despistada, un pie descalzo y su juanete...

Las apariencias engañan, y en éste, el día de mi cumpleaños, deseo fervientemente, no convertirme nunca en una araña ¡y mucho menos, toparme con una!.